E
n la economía actual, la información se ha convertido en un tipo de capital. Así como el capital financiero permite invertir y crecer, el acceso a información útil permite tomar mejores decisiones, reducir riesgos y aprovechar oportunidades. Sin embargo, no todas las personas, empresas o regiones tienen el mismo acceso a conocimiento, herramientas digitales, asesoría o capacitación. Esta desigualdad informacional se ha convertido en una barrera importante para el desarrollo económico a nivel global, nacional y local.
La llamada "brecha digital" ya no se refiere únicamente al acceso a internet. Hoy también incluye la capacidad de comprender, utilizar y transformar la información en ventajas económicas. La Organización de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) advierte que "el crecimiento, los aumentos de la productividad y el desarrollo humano estarán determinados por los niveles de integración en la economía digital" (UNCTAD, 2018). En otras palabras, el crecimiento económico dependerá cada vez más de la capacidad de integrarse a una economía basada en información y tecnología.
Una brecha entre lo conectado y lo no conectado
A nivel internacional, esta desigualdad es visible entre países desarrollados y economías emergentes. Mientras algunas regiones cuentan con infraestructura digital avanzada, educación tecnológica y sistemas financieros accesibles, otras enfrentan limitaciones de conectividad, habilidades digitales y acceso a plataformas económicas. UNCTAD (2020) señaló que la pandemia aceleró la digitalización global, pero también "expuso el amplio abismo entre lo conectado y lo no conectado". Esto significó que millones de personas y empresas quedaron rezagadas precisamente cuando la economía comenzó a depender más de herramientas digitales.
El problema no solo afecta a individuos; también impacta directamente a las empresas. Las pequeñas y medianas empresas suelen ser las más vulnerables porque dependen en gran medida del acceso a información estratégica. La OCDE destaca que las PYMES representan alrededor del 99% de las empresas en los países miembros y generan entre el 50% y 60% del valor agregado económico. Sin embargo, también enfrentan mayores dificultades de productividad y adaptación tecnológica frente a grandes corporaciones.
"El acceso a información ya no es un privilegio secundario: es una condición fundamental para participar plenamente en el desarrollo económico."
El caso de México y las MIPYMES
En México, esta situación es particularmente relevante. Las MIPYMES constituyen la enorme mayoría del tejido empresarial nacional, pero muchas operan con acceso limitado a herramientas financieras, información fiscal, asesoría regulatoria o planeación estratégica. Esto genera una competencia desigual desde el inicio. Mientras algunas empresas tienen acceso a redes profesionales, consultorías y capacitación especializada, otras dependen únicamente de experiencia empírica o recomendaciones informales.
Uno de los efectos más importantes de esta desigualdad es el limitado acceso al financiamiento. Muchas pequeñas empresas desconocen programas de apoyo, créditos gubernamentales o mecanismos de inversión disponibles. Incluso cuando existen oportunidades de financiamiento, numerosos emprendedores no cuentan con conocimientos suficientes para elaborar proyecciones financieras, modelos de negocio o estrategias de crecimiento que les permitan acceder a capital. Como resultado, las empresas con más acceso a información tienden a obtener más recursos y crecer más rápido, mientras las demás permanecen estancadas.
La carga fiscal y regulatoria también representa un reto importante. En teoría, los sistemas regulatorios buscan ordenar la actividad económica; sin embargo, para muchas pequeñas empresas la complejidad administrativa se convierte en una barrera. Trámites fiscales, declaraciones, permisos y obligaciones legales suelen requerir conocimientos técnicos o asesoría especializada. Cuando una empresa no tiene acceso a información clara y accesible, el cumplimiento regulatorio se vuelve más costoso y complicado.
Esto contribuye además al crecimiento de la informalidad económica. En México, una parte importante de la población trabaja o emprende en condiciones informales, muchas veces debido a barreras administrativas y falta de acompañamiento institucional. La desigualdad informacional provoca que numerosos negocios operen sin herramientas suficientes para formalizarse, crecer o acceder a beneficios financieros y gubernamentales.
Planeación, pandemia y desarrollo regional
Otro impacto importante es la falta de planeación estratégica. Muchas empresas pequeñas sobreviven día a día sin herramientas de análisis de mercado, digitalización o administración financiera. Esto limita su capacidad para adaptarse a cambios económicos, innovar o competir frente a empresas más preparadas. La información no solo ayuda a resolver problemas inmediatos; también permite anticipar riesgos y construir estrategias sostenibles de crecimiento.
La pandemia de COVID-19 evidenció esta diferencia con claridad. Miles de empresas que ya utilizaban plataformas digitales pudieron migrar rápidamente hacia ventas en línea, marketing digital o trabajo remoto. En contraste, muchos pequeños negocios sin acceso previo a herramientas tecnológicas enfrentaron pérdidas importantes o incluso cierres permanentes. En México, más de un millón de negocios cerraron durante la pandemia, según datos reportados por INEGI.
A nivel local, este fenómeno también afecta el desarrollo económico regional. En regiones como La Laguna existen numerosos emprendedores y pequeñas empresas con potencial de crecimiento, pero con acceso limitado a información estratégica sobre financiamiento, digitalización, administración o innovación. Esto reduce la competitividad regional y dificulta la generación de economías más dinámicas e inclusivas.
Reducir la brecha como estrategia
La desigualdad en el acceso a información se ha convertido en una de las nuevas formas de desigualdad económica. En un entorno donde la economía depende cada vez más del conocimiento, las habilidades digitales y la capacidad de adaptarse rápidamente, no tener acceso a información útil implica también menos oportunidades de crecimiento.
Por ello, reducir la brecha informacional debe entenderse como una estrategia de desarrollo económico. Democratizar el acceso a información clara, accesible y accionable puede fortalecer empresas, impulsar emprendimientos y generar economías locales más competitivas. En una economía basada en el conocimiento, el acceso a información ya no es un privilegio secundario: es una condición fundamental para participar plenamente en el desarrollo económico.